Limonada, noches de verbena, largos paseos en bicicleta, la brisa en la cara y una sensación de libertad... ¡Pues no! Qué manía tenemos la generación de los ochenta de darnos golpes en el pecho diciendo que somos los últimos cuerdos, qué eramos más educados, teníamos grandes valores… 
Mis veranos eran yo aburrida como una ostra, viendo series americanas espantosas, en un sofá a 30 grados y esperando, que no hiciera un calor horrible, para que mi madre me dejará bajar a jugar a la plaza. Sí, nada de tiempo de calidad en familia, mi madre si te aburrías decía «comprate un burro» y fin de la discusión pedagógica. 
No os confundáis, tengo mil recuerdos geniales de aquellos meses de ocio y verano. ¡Qué hacia yo con tanto tiempo libre! Ahora hay ciertos blogs de paternidad y maternidad que hablan horrores de los campamentos de verano y añoran que sus hijos no tengan veranos como los suyos. 
La vida cambia y nuestros veranos no son reproducibles, si hubieramos tenido redes sociales e Internet seguro que nos hubiéramos ahorrado los dramas de Salvados por la Campana y las Gemelas de Sweet Valley. 
¿Vosotros qué recuerdos tenéis de vuestros veranos? ¿Pensáis que nuestros veranos fueron más felices?