Ains la Esther pre niños era una loca del mojito, la cerveza y el calor… Mi estación favorita era el verano, pero desde que los pollos llegaron al mundo, reivindico un invierno eterno.

Sé que esta confesión no me hace la persona más simpática del mundo y que muchos estaréis pensando como se puede ser tan coñazo. Pero yo venero la rutina, los horarios y la vida adulta. El verano se lleva por delante toda mi calma, madrugo como una loca para sacar trabajo antes de que se despierten, intento esconderme por la casa con el portátil para que no vean (barajo la opción de irme a la biblioteca a trabajar o pedir asilo en cualquier sitio con wifi).

Paso la tarde en la piscina aplicando crema, hinchando manguitos e intentado que lleguen con vida a la cena. Después de cenar a deshoras y leer tres cuentos, porque claro pobrecitos están de vacaciones, muero en la cama y ni me planteo llegar al sofá a ver algo.

Esta situación me ha hecho darme cuenta de que el verano está sobrevalorado y de que los que se sientan con el Mac en Starbucks, son madres y padres escapando de las vacaciones de 3 meses.

¿Alguien más en la sala se siente identificado? ¿La maternidad también ha podido con vuestras ganas de verano? Con esta visión catastrófica, de lo que la falta de planificación puede hacer con tu vida, os anunció el blog cierra puertas hasta el después de verano. En septiembre volverá el cole, los benditos horarios y quedará menos para cambiar la hora y no cenar con gafas de sol.

A las que les gusta el verano con niños, todos mis respetos, sois heroínas o kamikazes, al resto… ¡Intentar sobrevivir que septiembre está más cerca!