He crecido creyendo que YO PODRÍA CON TODO. Sin condicionales ni dudas, era algo que se daba por hecho y casi se convirtió en un dogma de fé. 
Esto, quizá, fomento un millón de cosas buenas en mi y una muy peligrosa, ¡qué me lo creí! Así que siempre he estudiado, he planificado y me embarcado en mil cosas. Para que estudiar una carrera y vivir años locos si puedo ser becaria y sacarme un dinerillo extra los fines de semana, mientras no bajo el listón de notas. 
Por que tener un solo trabajo de 8 horas si puedo rendirme al pluriempleo desde hace 12 años… y así con todo… Pero entonces nació el pollito mayor y todo se puso patas arribas. 
No penséis que he bajado el ritmo, tengo dos peques, un marido de horarios imposibles y dos trabajos, ¿quién dijo estrés?
No penséis que soy super woman (el termino que más daño ha hecho a la mujer en las últimas décadas), he dejado mil cosas por el camino y lo olvido casi todo, para empezar a mi misma… 
A veces pienso que ojalá me supiera conformar… una familia maravillosa, un trabajo de 8 horas que no está nada mal y el resto fluir… Pero ains… a mi me dijeron que yo podría con todo. 

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