qué publicar en redes sociales

Seguro que has oído hablar del síndrome de la página en blanco, esa crisis que se vive antes de escribir. En redes sociales también aparece: cada vez que abres Instagram y no tienes ni idea de qué publicar.

Te faltan temas, ideas… Pero la cuestión de fondo es otra: te falta estrategia para saber hacia dónde orientar tu contenido. Con mis clientes, en la reunión mensual siempre cerramos los objetivos y los temas centrales del mes. Así nunca nos enfrentamos a la hoja en blanco.

Por eso, antes de buscar ideas, hay que tener claras dos cosas: qué quieres conseguir con tu contenido y a quién le hablas.

¿Cómo defino el objetivo de mi contenido?

De qué hablas lo decide tu público; qué destacas, lo decides tú. Por eso, cuanto mejor conozcas a tu cliente, mejor será el contenido que le ofrezcas. Si ya sabes cómo piensa, qué dudas tiene antes de comprar o qué es lo que más le gusta, toca reunir toda esa información y darle orden.

Al final, tener un objetivo no es otra cosa que priorizar. ¿De qué voy a hablar las próximas semanas? ¿Qué me interesa destacar? En mi libro ¿Atrapada en tus redes? lo llamo método 60/30/10: un 60 % del contenido habla de tu negocio y tus servicios, un 30 % de temas que interesan a tu cliente alrededor de lo que haces, y un 10 % es personal.

Este ejercicio es clave para tener constancia. A veces no repetimos algo por miedo a resultar pesados, y es justo al revés: hay que repetirlo para que se quede en la mente del cliente y decida comprar o contratarte.

¿De dónde saco los temas para mis redes?

Con el objetivo claro, estas son las fuentes de las que salen los temas.

Lo que te preguntan cada día en tu negocio

Es la primera fuente de contenido y la más importante: las dudas reales de tus clientes. Aunque pienses que ya está claro en la web o que lo has explicado mil veces, esas preguntas son las que construyen el mejor contenido. Si te las hacen a ti, se las está haciendo mucha más gente que todavía no te conoce.

Las fechas importantes: no comuniques el día antes

Otra ventaja de trabajar con calendario: las fechas se preparan y no te atropellan. Revisa siempre con un mes de antelación qué fechas son importantes para tu negocio y si hay alguna promoción que quieras hacer. Y no pases por alto los temas de temporada ni los de siempre: aunque te parezcan poco originales, funcionan.

Las reseñas de Google

Da igual si todas son de 5 estrellas o si alguna no te ha gustado: en las reseñas ves los puntos débiles y las fortalezas de tu negocio, contados por alguien de fuera. Y eso vale oro.

Coge las reseñas buenas y no te quedes en compartirlas: cuenta la historia detrás, por qué sois buenos en eso o qué hacéis para que la gente salga tan contenta. Aquí tener un método propio ayuda mucho.

Las reseñas menos buenas también sirven: para mejorar o para explicar tus decisiones a través del contenido. Un ejemplo claro son los restaurantes criticados por su horario que hacen reels contando que cierran antes para que su equipo pueda conciliar.

Las historias de tus clientes valen más que la tuya

Si has hecho algún curso de marketing, habrás oído hablar del storytelling. Lo siento, pero no se trata de contar una y otra vez por qué creaste la empresa o qué hacías en la universidad. Las historias más potentes son las de tus clientes: de dónde partían, hacia dónde van y qué ha cambiado gracias a ti. Tu contenido tiene que vender esa transformación, no las características técnicas de tu producto.

Amazon, una fuente de ideas que no esperas

No te voy a descubrir Amazon, pero sí que es una fuente de contenido muy potente. Entra en la sección de libros de tu sector (hay libros de todo) y lee los comentarios con detenimiento. ¿Qué destacan? ¿Qué echan en falta? Ahí tienes temas que tu cliente quiere leer y que nadie le está contando.

Las ideas no se acaban; lo que falta es un sistema

Si te fijas, ninguna de estas fuentes exige ser especialmente creativa. Las ideas están ahí: en tu mostrador, en tus reseñas, en tus clientes. Lo que marca la diferencia es tener un sistema para recogerlas, ordenarlas y convertirlas en un calendario. Y, sobre todo, tener tiempo para hacerlo cada mes.

Eso es lo que hago con mis clientes. Trabajamos con calendario para ir con calma, definimos los temas principales para que todo tenga coherencia y, desde ahí, busco distintos puntos de vista para que el contenido fluya y tus futuros clientes lo perciban como sólido. Tú no vuelves a abrir Instagram sin saber qué publicar, porque de eso me encargo yo.

Si tus días no tienen 30 horas y quieres olvidarte de la página en blanco, hablemos 15 minutos y vemos si ha llegado el momento de delegar y dejar de pensar qué tema toca publicar.

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No se trata de hacer más, sino de buscar la estrategia que te funciona a ti.